Un referente del arte ecuatoriano de finales del siglo XX, Miguel Varea lleva cinco décadas de una incansable producción artística. Su obra se ha manifestado a través de medios como el grabado y la pintura, pero el dibujo es lo que más lo representa: la línea es su principal lenguaje. Es también un precursor de la escritura dentro del dibujo.
Siempre irreverente, se ha mantenido fuera de las redes del oficialismo, al margen de premios y subvenciones estatales. Le molesta el prestigio que lleva a los artistas a preocuparse más por la crítica que por la búsqueda personal.
Desarrolló la Estétika del disimulo, como una apuesta política de exploración interior que ha durado la mayor parte de su trayectoria. “Estamos socialmente condicionados a considerar como normal y sano el hecho de estar […] inmersos en el espacio y el tiempo externos. En cambio, el estar sumergidos en el espacio y tiempo internos suele considerarse como una retirada antisocial, una desviación enferma y patológica per se, en cierto modo vergonzosa.”
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